Avanzó por la gran avenida, sin entretenerse con los escaparates como solía hacer, camino a la plaza. Se flagelaba mentalmente por no haber sabido indicarle a Ágatha cómo llegar. ‘Pero no había tiempo’, se consolaba a su vez. En su ensimismamiento, no se percató del tranvía sin conductor que atravesaba la calle.
Para poder darle algo de tiempo a encontrar el lugar, decidió coger un camino algo más largo, pasando por la plaza que daba al ayuntamiento de la ciudad. Esperaba poder encontrarse con ella. No quería que tuviera problemas por no saber manejar con soltura la situación.
Siguió caminando, pero se paró en seco. Un hombre estaba sentado en suelo, rodeando sus piernas con los brazos y la cabeza entre las piernas. Podría reconocerle a un kilómetro de distancia.
Su sangre comenzó a hervir, por lo que respiró profundamente un par de veces hasta calmarse lo suficiente como para no emprenderla a golpes con él. Era delgado, de pelo castaño y corto. Los cerrados párpados ocultaban unos ojos intensamente verdes, mientras que las piernas ocultaban el rostro de un David clásico. Nick se dirigió a él, olvidando por un momento su rumbo.
-¿Qué haces aquí?-el muchacho levantó la cabeza. Había estado llorando, y sus lágrimas secas en la cara suavizaron el rostro de Nick, aunque no así su enfado.
-¡Nick!-se levantó de un salto y abrazó a Nick con todas sus fuerzas. Nick intentó desasirse, pero sin mucha convicción.
-Sigo sin saber qué haces aquí-le espetó. Al separarse, Nick recordó el motivo de su enfado-. Suponía que estarías en Londres-por un momento se sintió culpable, no había pensado en cómo le podía haber afectado aquella oscuridad.
















